Suele ser la que primero se levanta y la última que se acuesta, siempre que no le toque pasar la noche en vela por algún chico con anginas o un bebé que decidió no pegar los ojos pasada la medianoche. Es el ama de casa, una trabajadora sin sueldo fijo, ni aguinaldo, ni vacaciones. Una mujer como todas, cualquiera de nosotras, todos los días del año.
Nos han vendido tan astutamente esta historia de que el ama de casa- esposa y madre, por lo general- debe caracterizarse por su acendrada vocación de servicio, por su abnegación permanente y por el olvido de sí misma en beneficio de los demás integrantes de la familia, que hemos llegado a creer que las tareas domésticas y de crianza de los chicos no tienen ningún valor económico ( la idea es que si la afectividad está de por medio, este trabajo no se cotiza económicamente...) Como además se trata de una tarea invisible ( sin producción concreta a la vista: las camas se destienden, la comida se come enseguida y así sucesivamente), carece de prestigio social y profesional. Pero eso no es todo, la cultura todavía en vigencia, eficazmente avalada por el psicoanálisis tradicional, ha logrado sembrar la culpa del rendimiento en las mujeres: nunca se es todo lo buena madre que se debería ser; convertisre en el ama de casa perfecta que promocionan los medios y la publicidad es una exigencia tremenda que jamás se puede cumplir del todo. Y entonces, el motor que impulsa a las amas de casa se parece más a la culpa que al tan mentado amor.
LA JORNADA INTERMINABLE
En la gran mayoría de los casos, tratándose de una familia tipo con chicos chiquitos o en edad escolar, la mujer- el ama de casa. claro...es la primera en levantarse y la última en acostarse. Desde luego si hay un bebito que pide de comer a la madrugada o un niño enfermo en la casa, será ella quien e levante a atenderlos. En el transcurso del día, esa ama de casa full time cumple una jornada prácticamente sin descanso alguno: cuando mira una telenovela seguro que lo hace planchando o cosiendo; i se sienta a leer una revista, no le quita un ojo al nene más chico y es probable que entretanto controle la lengua al marsala que se cocina a fuego lento ... En realidad, realiza como quien no quiere la cosa, las actividades más diversas e incluso gasta más energías que un hombre en un empleo que exige ciertos esfuerzos físicos. Si esa mujer carga con la famosa doble jornada porque trabaja afuera, el cúmulo de tareas y fatigas puede considerarse francamente insensato.
Según los cálculos realizados por un grupo de sociólogos italianos... una ama de casa, que atiende a un marido, a un hijo en edad de ir al jardín de infantes y a un bebé, trabaja por semana alrededor de 110 horas (mientras que, como se sabe, un trabajador standard que cumple 8 horas diarias, trabaja 40 horas semanales). Por supuesto, esa cantidad de horas puede disminuir un poco según la cantidad y edad de los hijos, y en los casos- lamentablemente raros todavía- en que los miembros de la familia ayudan efectivamente al ama de casa.
TRABAJO FEMENINO
REPOSO MASCULINO
Según estudios realizados en Francia, si la mujer trabaja afuera cumple habitualmente un promedio de 15 horas diarias de trabajo, independientemente de la edad de los hijos. El tiempo de actividad se desglosa así: 1,25 horas para preparar las comidas; 2 horas para estar con los niños; 1,35 para otras tareas domésticas(lavar, pasar la aspiradora, costura, etc.); 1,40 para realizar las compras. Lo que da un total de 6,30 horas, a las que hay que sumar las 8 horas que esa mujer trabaja afuera y el tiempo que invierte en viajar. Según ese estudio, se comprobó que el 75 por ciento de las mujeres asalariadas se levanta antes de las 7.
En Francia se estima en 45 billones (sí, leyó bien, y recuerde que un billón es igual a mil millones) por año el número de horas de trabajo doméstico no retribuído. La socióloga Andrée Michel sugiere incluir los servicios domésticos provistos por las mujeres en las cuentas de la Nación, bajo el mismo título que otras actividades productivas. A los que le dicen que el trabajo doméstico no tiene el mismo valor que el trabajo pago, ella les retruca que las tareas cumplidas por las mujeres en el hogar representan tantas horas de reposo para los respectivos cónyuges, quienes así- liberados de preocupaciones tan prosaicas- pueden rendir más y mejor en empleos pagos. En apoyo de esta afirmación, la socióloga francesa cita cifras obtenidas en los Estados Unidos que demuestran que un norteamericano que se casa ahorra 228 horas de tareas domésticas por año (es decir, las tareas de las que debía hacerse cargo cuando estaba solo). Suponiendo que dicho señor permanezca casado por espacio de 44 años (con la misma o con distintas mujeres, no viene al caso), se calcula que hacia el final de su vida economiza cinco años completos, con el sudor de la frente de una esposa, sin contar el tiempo que ésta invierte en criar niños y otras tareas no contabilizadas en ese cálculo.
LAS MIL Y UNA TAREAS
Aunque muchas mujeres- acaso para responder al estereotipo impuesto por siglos de una tradición que trató de marginar al sexo femenino paredes adentro del hogar- afirman que su vocación es ser sólo amas de casa, lo cierto es que es muy improbable que exista vocación semejante. Porque resulta que las tareas domésticas son tan numerosas y exigen habilidades tan diferentes, que es casi imposible que a una mujer le fascine a la vez cocinar y ordenar, cuidar niños y planchar, administrar el dinero y limpiar el baño, lustrar bronces y coser... Esto sin olvidar que algunas de estas actividades se realizan simultáneamente, en especial cuando hay niñitos en el horizonte.
Como habitualmente estas tareas son minimizadas , tanto en lo que hace a su valor intrínseco como a las energías que absorben, a muchas mujeres les parecerá exagerado reconocer que - entre otras- cumplen funciones de amas de llave, tintoreras, maestras particulares, enfermeras, jardineras, baby sitters, mucamas, cocineras, modistas... Aparte, claro está, de esa especie de secretariado afectivo que consiste en recordar horarios y obligaciones a los miembros de la familia, organizar salidas, recibir mensajes telefónicos...
Una vez más, vale la pena señalar que la institucionalización del sueldo del ama de casa no representaría una solución (reforzaría a las mujeres en el rol doméstico, excluyendo la participación familiar) y plantearía una serie de problemas que ni Salomón podría descifrar (¿Las amas de casa que trabajan afuera lo merecen? ¿Una mujer con cinco hijos debe ganar más que una con uno solo?) Como sostiene la política italiana Perla Lusa, especialista en problemática femenina, "la solución más justa y equilibrada residiría en que el Estado cubra determinados servicios, como guarderías, por un lado; y, por el otro, que los integrantes de la familia participen activamente si la mujer trabaja afuera, y colaboren - cada cual en la medida de sus posibilidades- si se trata de un ama de casa dedicada al hogar. Toda mujer merece contar con tiempo propio para actividades que le interesen personalmente, asalariadas o no".
Lo que ustedes no se imaginan que: Esta interesante nota la encontré en la Revista Vosotras, publicada en marzo de 1987... Quién lo diría. Tan actual no? Ustedes que opinan al respecto?...
Mi opinión particular?... Son muchas las mujeres a las que ni siquiera se les es reconocido que esto... ES VERDAD... Ni agradecido por ser lo que son...


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